Queridos y queridos amigos:
¡Feliz Pascua y feliz Pésaj!
Estos son días sagrados. Días de renovación, reflexión y esperanza. Un momento en el que, más allá de las creencias y tradiciones, recordamos la resiliencia, la libertad y el poder perdurable del amor.
Este año, esos mensajes cobran más importancia que nunca.
Al igual que muchos de vosotros, Jim y yo llevamos el corazón apesadumbrado. Como sabéis, desde que comenzó la guerra, no he podido contactar directamente con mi familia. El silencio conlleva su propio tipo de dolor. Un dolor que sé que muchos están soportando de diferentes maneras en todo el mundo.
Y, sin embargo, incluso en medio de esa incertidumbre, nos aferramos a lo que nos enseñan estos días sagrados:
Un deseo de paz.
Un deseo de sanación.
Un deseo de mentes sensatas y corazones cálidos.
Un deseo de un mundo en el que las personas sigan verdaderamente los pasos de su fe, no solo de palabra, sino con compasión, misericordia y el valor de elegir la paz en lugar del conflicto.
Recientemente, el papa León pronunció unas palabras que resonaron profundamente. Nos recordó que Dios no escucha las oraciones de quienes hacen la guerra, de líderes cuyas manos están manchadas de sangre. Advirtió contra el uso de la fe como justificación de la violencia y pidió un alto el fuego inmediato, instando a poner fin al horrible sufrimiento, especialmente a la pérdida de vidas inocentes, incluidos los niños en las escuelas y los hospitales.
Su mensaje fue claro: la guerra no es fuerza. La guerra no es justicia. La guerra no es el camino de la fe.
«La guerra es siempre extrema», dijo. Y quizás la mayor verdad de todas: cuando los líderes empujan hacia el conflicto para mantener el poder, eso es el verdadero extremismo.
Estas palabras importan. Porque nos recuerdan que la paz no es pasiva. Es una elección. Una elección valiente.
Así que hoy, en esta época de renovación, elegimos la esperanza.
Estamos creando un espacio para la paz, para la sanación, para el reencuentro, para un mundo que recuerde lo que significa ser humanos los unos con los otros.
Y os estamos agradecidos. A esta comunidad de amigos, de lectores, de almas gemelas, de personas que creen en las historias, en la empatía y en la conexión.
Que vuestros días estén llenos de luz.
Que vuestros hogares estén llenos de amor.
Y que la paz nos encuentre a todos.
Os enviamos estos deseos con el más cálido de los corazones…
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